domingo, 23 de mayo de 2010

Centralia, el pueblo que arde bajo los pies

Un día de 1979, Centralia se dio cuenta de la verdadera magnitud del peligro que llevaba años ardiendo bajo sus pies. El propietario de una de las gasolineras del pueblo introdujo una vara metálica en uno de los tanques subterráneos para comprobar su nivel de combustible. Lo había hecho mil veces, pero esta vez le sorprendió lo caliente que estaba la vara cuando la sacó. Desconcertado, decidió comprobar la temperatura con un termómetro... Algo raro sucedía, al sacarlo, el termómetro marcaba 78°C.

Cartel que advertía del fuego
Nadie sabe con total seguridad como empezó el principio del fin para Centralia. Aunque parece ser que fue en mayo de 1962 en un vertedero de basuras situado a las afueras del pueblo. Como hacía todos los años, el ayuntamiento había contratado los servicios de una empresa de control de incendios para que limpiara el vertedero municipal. Otros años, cuando el basurero se encontraba en otro lugar, no había habido problemas. En 1962, sin embargo, el basurero ocupaba una antigua mina a cielo abierto abandonada.

Centralia, como la mayoría de ciudades del noreste de Pensilvania, se había dedicado durante mucho tiempo a la minería de la antracita. En 1962, con el progresivo abandono del carbón como medio de calefacción en favor del gas y petróleo, la mayoría de las minas comenzaron a dejar de ser rentables y comenzaron a abandonarse. Sin embargo, Centralia aún contaba con una población de unas 1.400 personas.

Como habían hecho otras veces, los bomberos amontonaron la basura en uno de los rincones del vertedero y la prendieron fuego dejándola arder durante un rato. Después, apagaron las cenizas con una manguera. Era lo habitual, pero esta vez, el fuego parece ser que no se extinguió correctamente, sino que siguió ardiendo en el subsuelo y llegó a través de un agujero hasta una mina abandonada de carbón vecina. Antes de entrar en funcionamiento, el vertedero había sido inspeccionado para asegurarse que todos los agujeros de antiguas prospecciones que había en el suelo hubieran sido sellados con material incombustible para evitar, precisamente, esto. Sin embargo, al parecer, nadie reparó en el agujero por el que el incendio se extendió hasta la mina.

Centralia en 1906
En un principio, el fuego podría haber sido extinguido fácilmente, simplemente, excavando totalmente la zona afectada. Según parece, un ingeniero de minas se ofreció a hacerlo por tan sólo 175 dólares. Más tarde, otro minero del pueblo también se ofreció y, aún más barato, sólo a cambio de una parte del carbón. Sin embargo, el incendio había pasado a convertirse en un asunto estatal y una maraña burocrática impedía tomar las decisiones de forma rápida. A medida que pasaba el tiempo, el fuego más se extendía y la posible solución más se encarecía y se complicaba.

En julio de ese año, el Departamento de Medio Ambiente llevó a cabo una serie de sondeos para comprobar el alcance y la temperatura del incendio. Algunos, sin embargo, piensan que estas perforaciones no hicieron sino que ayudar a la combustión al proporcionarle una vía de aire natural. También, son muchos los que critican la manera, un tanto desorganizada, como se llevó la lucha contra el fuego. En muchos casos, las zanjas se excavaban guiándose por el humo que se desprendía del suelo, cuando lo más normal hubiera sido realizar antes unas perforaciones para determinar cuál era el lugar más adecuado.

A menudo, pasaba que cuando se acababa de excavar una zanja, el fuego ya había pasado al otro lado. Tony Gaughan, autor del libro “Slow Burn”, culpa del fracaso de esta estrategia a la lentitud con la que se llevaban a cabo los trabajos. Se empleaba un único turno, en vez de tres, que además guardaba todas las fiestas y puentes. Un ritmo más propio de un trabajo rutinario que de una emergencia.

El 22 de mayo de 1969, tuvieron que ser evacuadas las tres primeras familias de Centralia. Ese mismo año, se comenzó a probar una técnica diferente: inyectar agua con cenizas volantes, arena húmeda y arcilla sobre el incendio para formar una barrera que bloqueara el paso del oxígeno y “ahogara” el fuego. Al mismo tiempo, se estaba excavando una pequeña trinchera que podía haber puesto la situación bajo control. Sin embargo, parece ser que un problema para la asignación de fondos entre el gobierno del estado y el condado retrasó los dos intentos. Mientras, el fuego seguía extendiéndose.

Una de las minas de carbón en 1864
Otra explotación minera en 1963. Originales en OffRoaders.com
Aunque, en un primer momento, la mayoría de los habitantes de Centralia habían preferido ignorar la existencia del fuego y minimizar su verdadera magnitud. Las cosas cambiarían durante la década de los 70, cuando el monóxido y el dióxido de carbono comenzaron a entrar en las casas y la gente comenzó a caer enferma. La temperatura en los sótanos de muchas casas era tan alta que no necesitaban caldera de agua. El Departamento de Medioambiente de Pensilvania reaccionó instalando detectores de gases en la mayoría de los hogares de la zona más caliente. Pero a pesar de la gravedad de la situación, algunos vecinos rechazaron la instalación de los detectores. No querían ser esclavos de una máquina, aseguraban. Otros, sin embargo, prefirieron comprar canarios.

En 1980, después de casi 20 años, el fuego seguía quemando y se tuvo que trasladar a otras 27 familias fuera del pueblo. Pero fue al año siguiente cuando un accidente hizo saltar hizo saltar las alarmas definitivamente. Fue el 14 de febrero, cuando la tierra se abrió bajo los pies de Todd Domboski, un niño de 12 años. Era un agujero de más de un metro de diámetro y de unos 46 de profundidad. Afortunadamente, Todd pudo agarrarse a unas raíces hasta que fue rescatado por su primo. De haber caído hasta el fondo, habría muerto casi de manera instantánea a causa de la gran cantidad de monóxido de carbono acumulada en la parte más profunda. El hundimiento del terreno y la formación de cavidades era otro de los peligros con los que el incendio amenazaba al pueblo, a medida que el carbón quedaba reducido a cenizas.

El incidente, que atrajo la atención de los medios a nivel nacional, acabó por dividir a Centralia en dos. A un lado, los partidarios de la evacuación del pueblo y, al otro, los que no querían marcharse. En 1983, un estudio independiente aseguraba que el incendio era mucho mayor de lo que se creía y ya había llegado al subsuelo del pueblo. Se recomendó la excavación de una trinchera que cruzara la ciudad de norte a sur, dividiéndola en dos, el coste era de unos 62 millones de dólares y no se tenía garantía de éxito. La otra opción, excavar totalmente la zona afectada, era más segura, pero su alto coste, más de 650 millones, la descartaba.

Tramo abandonado y humeante de la Ruta 61
Centralia, con calles, pero casi sin casas. Vista en Google maps
Ante esta situación, finalmente el gobernador planteó un plan voluntario para el desalojo y compra de todo el pueblo. La propuesta se votó enreferéndum y los propietarios de Centralia la aceptaron por 345 votos a favor y 200 en contra. El Congreso de los Estados Unidos aportó los 42 millones de dólares necesarios para comprar todas las casas, demolerlas y reubicar a los vecinos. Hasta la fecha se llevaban gastados, intentando controlar el fuego, unos siete.

La mayoría de los vecinos, más de 1.000, fueron realojados en los pueblos cercanos de Mount Carmel y Ashland. Se demolieron más de 500 edificaciones. Sin embargo, unas pocas familias, 63 vecinos, prefirieron quedarse, no estaban dispuestos a abandonar sus casas, pese a las advertencias oficiales. No creían que el fuego constituyera un peligro real para la parte de la ciudad en la que ellos estaban. Además, eran bastantes los que creían que todo era un complot del gobierno y las compañías mineras para arrebatarles sus derechos mineros, que ellos habían estimado podrían estar en torno a varios miles de millones de dólares. Después de todo, ¿por qué el gobierno, que sí que fue capaz de extinguir un fuego similar en un municipio cercano, descartó el empleo de esos métodos en Centralia?

Locust Avenue en 1983 y 2001. Autor David DeKok
East Center Street en 1986
East Center Street 20 años después, 2006. Más fotos del antes y el después en OffRoaders.com
La primera casa fue derribada en diciembre de 1984. Para entonces, había fuego debajo de unas 140 hectáreas. Para 1991, ya eran 250 el número de hectáreas afectadas. Ese año, el gobierno del estado compró otras 26 casas situadas al oeste de la ciudad, junto a la Ruta 61. Al año siguiente, 1992, el gobernador de Pensilvania decidió expropiar el resto de casas y terrenos que quedaban al considerar que el fuego se había convertido en un peligro demasiado grande. Los irreductibles vecinos que quedaban recurrieron la decisión ante la justicia, pero fracasaron. Sin embargo, no se marcharon, se quedaron convertidos en ocupas en lo que habían sido sus hogares, aunque con la ventaja de no tener que pagar impuestos ni tampoco renta ya que las casas ya no eran suyas.

En 1997, sólo quedaban 44 personas, una población que iría menguando poco a poco desde entonces. En 2000 ya eran sólo 21 personas de 7 familias las que ocupaban 10 casas. Cuatro años más tarde, había una casa y tres habitantes menos.

En la actualidad, no existe ningún plan para combatir el fuego, por lo que sigue extendiéndose sin control. Se espera que dentro de unos 100 años alcance las 1.500 hectáreas. Las predicciones son que, a partir de entonces, todavía arda otros 150 años más hasta quedarse sin combustible. Sobre la superficie, Centralia tiene más la apariencia de una campiña con calles asfaltadas que de pueblo. Sus calles y aceras se encuentras cubiertas por la maleza, aunque hay algunas que parecen haber sido segadas y limpiadas. Han crecido árboles nuevos y apenas quedan unas cuantas casas en pie, de las cuales sólo cinco están ocupadas, además de un edificio municipal. El resto de edificios han sido demolidos por la acción del hombre o de la propia naturaleza. Un de las iglesias del pueblo –llegó a haber once–, que no está afectada por el incendio, continúa celebrando los servicios dominicales y también se encuentran en buen estado los cuatro cementerios.

A simple vista, los únicos signos visibles del fuego que quema bajo tierra son varias chimeneas metálicas en la parte sur del pueblo, además de las señales que avisan del peligro por fuego subterráneo, suelo inestable o el monóxido de carbono. También en la parte sur, puede verse humo y vapor saliendo de un agrietado tramo de la Ruta 61 y a través de las numerosas grietas que hay por toda la zona próxima. Después de varias reparaciones, este tramo de la autopista fue cerrado al tráfico a mediados de los 90, cuando se construyó un desvío para evitar la zona problemática (ver mapa).

Gases del incendio saliendo del subsuelo
Una de las chimeneas cerca del cementerio de Oddfellows. Original Donald Davis en OffRoaders.com
Después de años de retraso, el gobierno de Pensilvania parece estar decidido a acabar con la situación de la docena de irreductibles que aún resiste en el pueblo, desalojándolos y demoliendo lo que queda de la ciudad. Algunos no le dan mucha importancia a este intento y creen que no pasará nada como la otra vez. Especialmente, los mayores creen que podrán acabar sus días en el pueblo que les vio nacer.

De todas maneras, se espera que muchos de los antiguos vecinos regresen al pueblo en 2016, aunque sólo sea por un día, para abrir una cápsula del tiempo enterrada en 1966 cerca del monumento a los veteranos.

PS: En 2002, el servicio nacional de correo de Estados Unidos revocó el código postal de Centralia, el 17.927.

!Muchas gracias a KilFer por descubrirme el tema!

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- El pozo con el que comenzó la industria del petróleo de Estados Unidos
- Una cabina en medio del desierto

+info:
- Centralia en es.wikipedia.org y en.wikipedia.org
- Centralia Pennsylvania in OffRoaders.com
- Few Remain as 1962 Pa. Coal Town Fire Still Burns in abcNews
- Centralia in Everything2.com
- Fire in the Hole in Smithsonian.com

jueves, 20 de mayo de 2010

El misterioso zumbador de la UVB-76

Han pasado casi 30 años desde que alguien detectara por primera vez con un receptor de onda corta un extraño zumbido en la frecuencia4.625kHz. Un zumbido que se repite 30 veces por minuto, todas las horas del día, todos los días del año. Hoy en día, se sabe desde donde se emite la señal, Povarovo (Rusia), pero se sigue desconociendo casi todo lo demás.

Vista aérea del lugar desde el que se realizan las emisiones. Original en Google maps

Se desconoce cuándo comenzaron sus emisiones, aunque parece ser que fue en 1982 la primera vez que alguien reparó en sus pitidos. Un día de ese año, alguien sintonizó la frecuencia 4.625kHz en su receptor de onda corta y pudo oír un pitido de 2 segundos de duración que se repetía de manera continua. La noticia del descubrimiento comenzó a extenderse entre los entusiastas de la onda corta que se preguntaban cuál sería el fin de una emisión así.

La emisora continuó emitiendo la misma inquietante “programación” hasta comienzos del 1990, cuando cambió su repetitivo pitido por un zumbido de 0.8 segundos de duración. De manera constante, se emitía el zumbido unas 21 o 34 veces por minutos, dejando intervalos de 1 o 1.3 segundos entre un zumbido y el siguiente. Durante el último minuto de cara hora, el zumbido cambiaba por un tono continuo que duraba todo el minuto.

La “programación” volvió a sufrir cambios el 16 de enero de 2003, cuando se alargó la duración de los tonos que, además, pasaron a ser más agudos. Aunque, desde entonces, se ha vuelto a la señal anterior.

La emisora emitía, y sigue haciéndolo, las 24 horas del día con una potencia aproximada de 10 kW, aunque entre 7:00 y 7:50 (GMT) lo hace con una menor potencia (2.5 kW), según algunos, porque es cuando se llevan a cabo las labores de mantenimiento.

Aunque no todos son pitidos y zumbidos, sino que es frecuente que se oigan conversaciones lejanas en ruso y otros ruidos de fondo. Podrían ser producidas por la conexión accidental de algún micrófono o porque el aparato que genera el zumbido no está conectado directamente a la emisora sino que está delante de un micrófono, aunque no sería lo más normal. Al parecer, una de estas conversaciones se escuchó el 3 de noviembre del 2001: “Soy el 143. No recibo el oscilador.”. A lo que siguió un “Esto es lo que la sala de operaciones está enviando” o “estas son las órdenes de operaciones”.


El buzzer. Ver en youtube.com

También se han escuchado mensajes, aunque muy pocos. Durante los años que se lleva monitorizando la frecuencia, parece que no han sido más detres o cuatro los mensajes interceptados. El primero, a las 21:58 (GMT) del 24 de diciembre de 1997. Varias series cortas de pitidos sustituyeron al insistente zumbador y, al cabo de un momento, una mujer hablando en ruso anunció: “Ya – UVB-76. 18008. BROMAL: Boris, Roman, Olga, Mikhail, Anna, Larisa. 742, 799, 14” (los nombres son del alfabeto fonético ruso, que sirve para deletrear). El mensaje fue repetido varias veces hasta que otra serie de pitidos marcó el fin y se volvió a la monotonía del zumbador. Ese día no se oyeron más voces.

Esta primera emisión hablada permitió averiguar el indicativo de la emisora, UVB-76, y el lugar desde el que emitía, Povarovo, a unos 40 kilómetros al noroeste de Moscú. Sin embargo, el propósito de la emisión continuaba siendo un misterio.

Una voz similar se pudo escuchar el 12 de setiembre del 2002, aunque muy distorsionada, lo que hizo muy difícil entenderla completamente. Lo que se pudo transcribir era algo así como “UVB-76, UVB-76. 62691 Izafet 36938270.”

No se volvió a escuchar ninguna otra voz hasta varios años después. Eran las 7:57 (GMT) del 21 de febrero del 2006. Otra vez, extremadamente distorsionada, pero esta vez pudo grabarse. “75-59-75-59. 39-52-53-58. 5-5-2-5. Konstantin-1-9-0-9-0-8-9-8-Tatiana-Oksana-Anna-Elena-Pavel-Schuka. Konstantin 8-4. 9-7-5-5-9-Tatiana. Anna Larisa Uliyana-9-4-1-4-3-4-8.” (supuesta grabación en mp3).

Según parece no ha habido más mensajes y, hoy en día, el propósito de la emisora continúa siendo desconocido. Según algunas webs, su misión es la de “transmitir órdenes a las unidades militares y a los centro de reclutamiento del distrito militar de Moscú”. De manera similar, otra teoría defiende que las órdenes irían destinados a los espías rusos que se encuentran en misión en el extranjero. Ambas teorías se verían reforzadas por un rumor que sitúa en el lugar desde el que se ha situado la emisora un centro de comunicaciones del Estado Mayor ruso.

De ser cierto, se trataría de una “emisora de números” más. Un tipo de emisoras de onda corta que suelen emitir voces sintetizadas leyendo series de números, palabras o letras (normalmente de un alfabeto fonético) sin una relación aparente. Habitualmente, suele ser una voz de mujer, pero en ocasiones puede ser la de un hombre o un niño o niña. Existen emisoras de este tipo en varios idiomas, y no siempre emiten números o palabras. Algunas emiten pitidos, código Morse o, incluso, algún trozo de una canción tradicional.


Otra grabación de la UBV-76. Ver en youtube.com

Aunque ningún gobierno lo ha reconocido públicamente, algunos entusiastas y expertos en espionaje creen que estas emisoras están dedicadas a latransmisión de órdenes y mensajes cifrados a los espías. Un método simple, pero efectivo.

Sin embargo, en el caso de la UVB-76, pese a guardar algunas similitudes con estas misteriosas emisoras, parece bastante improbable que sea una de ellas, puesto que sólo ha transmitido un simple zumbido durante los 15 años previos al primer mensaje hablado.

Otra explicación más pacífica sería que el zumbador serviría para el estudio las variaciones de la ionosfera, en el tiempo y en el espacio, mediante la observación de las modificaciones de frecuencia que experimenta la señal reflejada por esta parte de la atmósfera respecto a la original. Este “método Doppler de alta frecuencia” apareció en una publicación científica rusa sobre Ciencias de la Tierra. Sospechosamente, además, la frecuencia usada por ese estudio y la del zumbido, 4.625 kHz, coinciden.

Una última posibilidad sería que el sonido que sirviera para informar del correcto funcionamiento de algún tipo de instalación importante, probablemente militar. Podría ser, por ejemplo, algún sistema similar al conocido como “botón de la mano muerta”. Es decir, un sistema semi-automático capaz de responder a un ataque nuclear occidental aunque este hubiera matado ya a los jefes militares o políticos soviéticos.

En cualquier caso, el misterio continúa mientras los transmisores Molniya-2M (PKM-15) y Molniya-3 (PKM-20) siguen emitiendo día y noche a través de una antena de unos 20 metros de altura su inquietante zumbido.

Muchísimas gracias a Golias por la sugerencia de este tema.

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